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Miles de seguidores de Donald Trump habían irrumpido en el Capitolio para impedir la ratificación de los resultados de las elecciones del 3 de noviembre, que había empezado a la una de la tarde de Washington .

En horas de la tarde cuando una de las banderas que ondean en el Capitolio, el edificio que alberga las dos cámaras del Congreso de Estados Unidos, fue arriada y reemplazada por otra con las palabras «Trump». Tres horas después de que el salto comenzara, Trump colgó un vídeo de un minuto en redes sociales insistiendo en que «las elecciones han sido robadas», aunque pidiendo a sus seguidores que abandonaran el Capitolio.

Cuando los asaltantes llevaban ya una hora y media en el Capitolio, el presidente había colgado otro ‘tuit’ declarando que «Mike Pence no tuvo el valor de hacer lo que habría tenido que hacer para proteger a nuestro país y a nuestra Constitución», en lo que era un evidente apoyo a la revuelta.

Catorce minutos más tarde, se limitó a pedir a la gente que «apoye a la policía del Capitolio y a las Fuerzas del Orden». Poco antes, en un mitin en el Mall, el parque de Washington que está frente al edificio, Trump había vuelto a llamar al vencedor de los comicios, el demócrata Joe Biden, «presidente ilegítimo», y había reiterado que no acepta los resultados de los comicios a pesar de que, de los más de 80 recursos legales presentados alegando fraude electoral presentados por el equipo de Trump, la Justicia no le ha dado la razón en ninguno. Los seguidores enardecidos por las palabras del presidente, una parte de los asistentes al acto rompieron las cuatro barreras de seguridad que rodeaban al Capitolio y entraron en él. El Departamento de Defensa se negó a acceder a la petición de la policía del Capitolio de enviar refuerzos.

Solo cuando el asalto ya llevaba dos horas en marcha, el Ejecutivo anunció que iba a enviar tanto soldados como policía al Capitolio. El Capitolio es un edificio inmenso, que, además, está conectado a otros centros del Gobierno a través de túneles e, incluso, de un ‘metro’ especial para el uso de los legisladores, por lo que es de prever que éstos no corrieron peligro. Precisamente, Pence había sido transformado en una especie de ‘salvador’ de la presidencia de Trump. En su mitin en el Mall, Trump volvió a insistir en que el vicepresidente podía anular el resultado de las elecciones.

Fue una decisión que rompía con la línea adoptada por el propio partido, y que recibió durísimas críticas del propio jefe de los republicanos en el Senado, Mitch McConnell, que ha sido uno de los mayores aliados de Trump a lo largo de la presidencia de éste.

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Fuente: Redacción Mundo 7/24.