Jean Carlo Mejía Azuero. PhD
Profesor e investigador  de derecho penal internacional.

¿Quién impone la justicia y la verdad, desde el lenguaje y la narrativa, gana en cualquier escenario? 

Esta es una buena pregunta a propósito de los 75 años de la primera condena en los juicios de Núremberg y la sobreideologización de ciertos actores en escenarios de transición.

Desde este horizonte  vale la pena mostrar algunas aristas sobre la exacerbación «ideológica» y sus consecuencias para la justicia y la construcción de verdad y memoria en el mundo, tomando como caso cercano el colombiano.

En medio  de la conmemoración de la primera condena en los juicios de Núremberg contra la alta jerarquía Nazi (primero de octubre de 1946), vale la pena recordar que la mayoría de los criminales seguidores de Hitler,  al mejor estilo de lo que por ejemplo hoy sucede con máximos responsables de las extintas Farc ante la JEP y la CEV y otrora muchos paramilitares y algunos miembros de las FFAA, jamás se arrepintieron de sus grandes y despiadados crímenes, como jamás lo hizo Roman Nikolai Von  Ungern -Sternberg o Mahakala, «señor de la ira». Descrito como Budista, sádico y antropófago y quien sería además motivador de una de las mentes criminales más grandes del mundo y su historia: Hitler.

El tema resulta trascendental porque nunca hay que perder de vista que Núremberg y sus principios (1950), marcarían el comienzo de la estructuración de lo que denominamos el nuevo derecho penal internacional, fundamentado en derechos  para las víctimas y garantías reales y creíbles para los victimarios.

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Pero Núremberg, el tribunal del lejano oriente,  los tribunales militares de Dachau, entre otros se basaron abiertamente en una justicia penal  de vencedores (viejo derecho penal internacional), que se llevó en la narrativa y discurso al olvido los grandes crímenes de Stalin, Mao, por sólo citar algunos casos ocultados por la sobreideologización y su impacto en las letras, esencialmente a través de la memoria y la historia.

Incluso que dejó en la impunidad la ignominia cometida en Dresde en 1945 con un bombardeo abierto contra la población civil alemana (no todo el pueblo alemán era Nazi) o una sanción así fuera moral por lo acaecido en Hiroshima y Nagazaki el 6 y 9 de agosto de 1945.

Los pilotos de los B -29  (superfortalezas) de USA siempre indicaron hasta sus últimos días, que simplemente obedecían órdenes superiores  y que lo hubieran vuelto a hacer… Lo cierto es que quien vence en un escenario estratégico decide qué tipo de justicia y verdad se va a imponer.

Esta verdad se ha  repetido una y otra vez en la historia reciente. Pero también es cierto que esa tendencia  se puede quebrar en escenarios de transición postmodernos. Sobre todo por el escrutinio directo de la sociedad.

No obstante para el caso propio aquí vamos viendo cada día con más claridad muchas cosas que han sido advertidas durante lustros y que sólo van a polarizar y radicalizar a Colombia en un escenario electoral y que claramente marcarán a nuestra sociedad desde el 2022 en adelante.

De nada sirve el diseño de estructuras plausibles para la transición, si  quienes las accionan u operan  se basan para el caso colombiano en estructuras antimilitaristas, estatocentristas, en donde hay que maximizar la responsabilidad de ciertos actores desde la óptica de la violencia pero aplicar lo que hemos denominado la teoría del hijo pródigo reforzada para los desmovilizados; claramente para aquellos con los que se comparten «ideas».

La sobreideologización y radicalización rechaza de plano contrastar fuentes, profundizar en otras hipótesis, se basa en la endogamia, coloca a unos como seres irracionales (agentes estatales uniformados dejando a la clase dirigente a salvo)  y a otros los justifica en sus actos atroces precisamente gracias a la conducta de los primeros. (Acción- reacción) No hay equilibrio,  tampoco ponderación, menos diálogo, no se tienden puentes. Escuchar para no tener en cuenta no es realmente escuchar.

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Es una lucha por el poder, por la razón, por el párrafo y el salvamento de voto. Allí no hay búsqueda real de la paz y la verdad. Es una lucha desde los egos. Ya lo vimos con el «Basta ya» del CNMH que aprovechó un escenario político para violar el mandato previsto en la Ley 975 del 2005 para complacer a un actor armado en una mesa de negociación diseñado bajo la Ley vigente de orden público (Ley 418 de 1997).

El experimento fracasó porque el informe fue rechazado por el actor armado en la mesa de negociación  y generó un escenario más complejo, con la conformación de otro grupo  que produjo un nuevo texto en donde ni siquiera los relatores se pusieron de acuerdo.

Pero quedó acordado finalmente  que éste insumo sería de obligatoria citación para la Comisión de la Verdad. Ya veremos lo que sin duda alguna sucederá. No hay que tener una bola de cristal para encontrar fuentes, textos citados y centro de pensamiento tenidos en cuenta. Los excluidos excluyendo. Un círculo vicioso.

Juicio de Núremberg.

Aquí queremos ser claros, no se trata de exculpar o justificar a los agentes estatales, a los partidos políticos, ni la historia de la exclusión en el país, pero también negar las múltiples fuentes y testimonios existentes por ejemplo sobre la violencia trasplantada amén del comunismo y el anarquismo, es pretender tapar el sol con un dedo.

No se puede pretender entender las causas de una guerra para superar la violencia estructural con las herramientas de descripción y análisis propias de una dictadura o un régimen autoritario. El caso colombiano rompe el molde. Guerra en democracia, así sea de mínimos ha sido la colombiana.

Volviendo a Ungern – Sternberg, para ilustrar más nuestra reflexión, un especial de editorial Planeta traído por el diario el Tiempo  (2 de octubre del 2021) demuestra  la influencia de ciertos autores y textos en la vida de grandes criminales de nuestra historia, pero también en otras personas que creen tener la verdad revelada, sin importar sus «ideologías».

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Para este caso, tenemos la influencia en Hitler y sus contemporáneos bajo el contexto post Tratado de Versalles,  de la obra «Bestias, Hombres y Dioses», sustentada en la vida y acciones de un criminal único, que hasta posaba de Budista.

No sería esto algo insólito, las grandes tragedias humanas se han originado en ideas y sentimientos trascendentales para la mayoría emocionalmente a través de  megalómanos, fundamentalistas,  psicópatas y narcisistas envueltos en el empaque de salvadores. El populismo no es reciente.

Pero veamos lo que indica el aludido especial:

«En Austria y Alemania, en cambio,  según una carta que escribe desde allá Christopher Isherwood en 1921, todos leen con fascinación Bestias, Hombres y Dioses, un libro de pacotilla sobre las correrías de un austríaco de nombre Ungern-Sternberg, que pregona el espíritu tártaro de todos los eslavos y germanos y su unión contra judíos y Bolcheviques».

Uno de los tantos lectores austriacos de Bestias, Hombres y Dioses en aquel 1921 fue un cabo retirado y por entonces orador nacionalista en alza. El susodicho tomó al pie de la letra muchas de las ideas de Ungern – Sternberg, cuando fue encarcelado y escribió tras de las rejas su libro mi lucha.

Después del derrumbe del Reich en 1945, cuando los aliados entraron en el búnker del Führer, encontraron intacta la biblioteca privada de Hitler, pero debieron pasar más de cincuenta años hasta que un estudioso llamado Timothy Ryback se puso a estudiarla en serio y público el ensayo los libros que moldearon la vida de Hitler.

Allí habla de un volumen profusamente anotado en tinta verde de Bestias, Hombres y Dioses. El ejemplar en cuestión no sólo tiene múltiples subrayados sino también anotaciones enfáticas, en pulso tan febril que por momentos rebasaban los márgenes y hacen indescifrable el texto impreso. » (Fuente. El Tiempo . Sábado 2 de octubre del 2021).

Pues bien, Núremberg y el menos mencionado Tribunal del Lejano Oriente y los juicios militares de Dachau dejan lecciones profundas para un sistema de justicia para la transición (herramientas políticas y jurídicas diseñadas para superar un pasado violento en donde se han presentado graves violaciones a los derechos humanos e infracciones al DIH. ) luego de tantas décadas.

Estas lecciones pueden servir para no  repetir el escenario de justicia y verdad de vencedores. Entre ellas podríamos tener:

1. La justicia de vencedores es propia de un escenario de lucha ideológica en donde se quiere venganza más que justicia. La Carta de Londres que originó el estatuto de Núremberg generó una gran disputa entre aliados que querían ejecutar sin juicio previo a los nazis y japoneses y los que querían un juicio lo más justo posible.

2. Los juicios de Núremberg se fundamentaron en un pésimo precedente que fue el Tratado de Versalles y los tribunales de Leipzig sobre los cuales ya hemos reflexionado (https://www.mundo724.com/los-fallidos-procesos-penales-de-leipzig-como-precedente-de-la-justicia-de-vencedores-en-nuremberg/ ).

El alegato de apertura del fiscal Jackson en el juicio a los dirigentes nazis  no deja lugar a dudas:

«Por desgracia, estos crímenes son de tal naturaleza que las naciones vencedoras han de ser las que acusen y juzguen a sus enemigos vencidos. Las agresiones cometidas por estos hombres afectan todas la humanidad y pocos han podido mantenerse realmente neutrales. O bien juzgaran los vencedores a los vencidos, o bien debemos dejar que los derrotados se juzguen así mismos.

Tras la primera guerra mundial aprendimos la inutilidad de la segunda opción. El alto rango de estos acusados, la notoriedad de sus actos y la posibilidad de que su conducta provoque represalias dificultan la tarea de distinguir entre la demanda de un castigo justo y mesurado y la sed de venganza que genera la angustia de una guerra.» (Traducción propia).

Juicio de Núremberg.

No obstante lo anterior estas premisas no son trasplantables a situaciones como la colombiana. Aquí ha sido el mismo estado el que ha permitido la creación de un Sistema Integral para la transición con el propósito de superar parte de la contienda bélica. Como lo sostiene el profesor Ivan Orozco no se trata de una violencia vertical, propia de una dictadura.

3. El primer juicio de Núremberg marcó el comienzo del fin de un sistema de derecho penal del enemigo a nivel internacional,  que en casos como el colombiano se ven reflejados para sectores bajo la Constitución de 1886 en el estado de sitio y el uso de la justicia militar contra ciertos actores. No tendría ninguna justificación que aquellos que tanto criticaron dicha justicia de venganza, terminarán reeditándola por ejemplo solo contra militares y policías. Hasta ahora por ejemplo el enfoque mediático y las filtraciones de ciertos casos demuestran la existencia de un enfoque de venganza.

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4. Luego de los juicios de Núremberg también quedó claro en términos de Krist y Teitel, teóricos fundacionales de la justicia para la transición, que el enfoque penal no ayuda exclusivamente a resolver los problemas de violencia del pasado.

Los casos de la antigua Yugoslavia, Rwanda, Sierra Leona, Georgia, o Venezuela lo demuestran. Así como luego de Núremberg nos preguntamos algunas personas que trabajamos en la academia que sucedió con los crímenes de los vencedores, incluso procesalmente después de la guerra como en el caso Malmedy, en donde los aliados condenaron a miembros de las SS a través de confesiones obtenidas por tortura (https://www.researchgate.net/publication/277266288_Un_acercamiento_al_establecimiento_de_los_tribunales_internacionales_modernos), lo cual generó un gran rechazo incluso en Estados Unidos y la nulidad de los juicios. En ese sentido una justicia abiertamente parcializada por más que se le denomine transicional activaría escenarios judiciales internacionales.

5. Todos los debates alrededor de los juicios de Núremberg y los subsiguientes generaron al interior de la ONU y la comisión de derecho internacional la necesidad de establecer un debido proceso real para casos de crímenes internacionales y lentamente derechos de las víctimas.

Hoy se ve más garantista la Corte Penal Internacional que algunas justicias internas, el caso del Congo es uno de ellos. En sucesos recientes como el de la revictimización de víctimas del secuestro y otros casos de privaciones ilegales a la libertad, por parte de una senadora ex miembro de un grupo criminal, demuestra si no existe un control eficaz dentro de un contexto de sanción efectiva en relación con la comisión de un crimen internacional bajo el andamiaje de la JEP, la CPI podría intervenir, pero las víctimas también podrían activar la jurisdicción universal volviendo a Colombia en una gran cárcel,  ante el temor de cualquier salida al exterior y la aplicación de órdenes de captura por parte de la interpol, entre otras agencias.

6. Pero igualmente no es plausible creer que solamente el escenario de los juicios de Núremberg sólo se trató de superar el pasado a través del uso de un sistema penal. No fue así. El Consejo para el control de la Alemania ocupada, no solo tuvo el deber de hacer cumplir las sanciones penales fruto de la Carta de Londres y del andamiaje de Núremberg sino además estructurar un escenario de construcción de verdad y no repetición, claramente no de origen penal.

Desnazificar a Alemania, desadoctrinarla,  desparamilitarizarla fue un propósito central para superar un escenario de totalitarismo. Pero eso tampoco se puede ni debe trasplantar. Tenemos todas las experiencias en América Latina de más violencia fruto de pésimas transiciones militares y policiales.

Incluso aquí, estamos atravesando por algo parecido a lo sucedido entre el gobierno de Rojas Pinilla y Lleras Camargo.

Creemos en consecuencia que si existen bases sólidas para cambiar el pasado de pésimas transiciones, generando una justicia y verdad ponderada, pero también creemos que existen actores que seguirán insistiendo una y otra vez en usar a la justicia y los escenarios de memoria como una cada vez más estructurada herramienta de venganza.

Toda la sociedad debe estar atenta para con seriedad verificar si queremos superar el pasado o simplemente continuar en un círculo vicioso.

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