Somos el polvo con el que Dios, dio, el soplo de vida.

Somos la luna de alguien que ignora las estrellas que la rodean.

Somos el cerrar y abrir de ojos de ese alguien que nos pone nerviosos.

Somos la anécdota en los labios que una vez nos hicieron sentir magia.

Somos aquello sin precio, pero especialmente sin descuento, porque nuestro valor es sublime.

Somos la dicotomía favorita de un bipolar.

Somos los dolores de nuestro pasado, que aún no sanamos.

Somos esa llamada a las 3:00 am que nos cambia la ruta.

Somos la sonrisa coqueta que nos manda ese amor prohibido.

Somos la conexión instantánea con otra alma que no vimos llegar, pero agradecemos su entrada.

Somos nuestra consciencia diciendo: “huye, aquí no es…”

Somos el pendiente o recuerdo de alguien más.

Somos la recurrente fantasía sexual de nuestro ex.

Somos el perdón que sanó nuestro corazón, “el propio”.

Somos de quien nos somete con solo ver su carita en una video llamada.

Somos ese domingo con reggae en vivo.

Somos la excusa para abrazarnos, solo porque está lloviendo.

Somos lo que dejamos en otros cuando nos despedimos.

Somos el amor que vive en nuestro corazón, pero no es nuestra vida.

Somos el temor de un festivo, sin tí, a mi lado.

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Idealismo de «Amor»

Somos la picardía de pensar que nuestro vecino esta como la voluntad de Dios.

Somos las caricaturas que nos permiten conectar con nuestro niño interior.

Somos por empatía esa enfermedad mental del otro que también nos duele.

Somos ese ser imperfecto, que muchas veces prefiere quedarse en la queja.

Somos la contradicción a nuestra moral, para darle validez que no nos conocimos por accidente.

Somos la luz que llega y sana desde la misericordia de ser vehículos de vulnerabilidad.

Somos también la amenaza de aquellos que no admiten vernos transformados.

Somos el clásico del vallenato en una tusa con binomio de oro.

Somos aquel saludo que extendimos, pero no fue respondido.

Somos aquello que hacemos en privado por otros y no publicamos.

Somos nuestro secreto mejor guardado.

Somos el suspiro de alguien en el semáforo de la avenida.

Somos enseñanza o advertencia para el prójimo.

Somos los ovarios que a veces los hombres quisieran tener.

Somos ese sexto sentido que solo fluye cuando conectas contigo mismo.

Somos los sentimientos encontrados de cuando dejamos en libertad al otro.

Somos la lluvia que lleva 6 horas fluyendo y no entendemos que nos está limpiando

Somos el escrito de otro, uno que quizás nunca leeremos.

Somos de quien deja su aroma en nuestra almohada y no cambiamos el tendido por lo mismo.

Somos esa vos interior que nos grita como Patricia Teherán, “Tarde y Conocí”.

Somos nuestros amigos del colegio y las maldades que hicimos, como la popular empanada.

Somos ese compañero de la universidad que pasaba las materias sin hacer nada.

Somos aquello que odiamos en otros y no queremos trabajar en nosotros.

Somos la estrella por la que se oramos, pero no admitimos que es una fugaz.

Somos ese alguien que nos dio una nueva sensación, aun amando a nuestra pareja.

Somos lo inédito que resulta ser aceptarnos desde nuestra imperfección.

Somos ese recuerdo en el motel cuando nos entregamos sin pensarlo dos veces.

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El arte de la desobediencia

Somos ese obstáculo que pasamos y que nadie tenía fe en nosotros.

Somos el recorrido en una empresa con un jefe de mierda, que nos enseñó bastante.

Somos la pesadilla de alguien por sus inseguridades.

Somos la sonrisa real, de ver ese alguien que amanece en nuestra cama.

Somos el rio que elegimos para que la corriente nos acerque más a nuestro propósito de vida.

Somos los acuerdos de nuestras almas ya pactados con anterioridad.

Somos el registro de nuestro ADN que nos hacen un reflejo de nuestros padres.

Somos aquello que elegimos dejar de romantizar y ver desde la realidad.

Somos el monstruo debajo de la cama que no nos dejaba dormir de niños o quizás aún de adultos.

Somos nuestras intenciones, no, nuestros resultados.

Y somos, y somos, y somos. Y la verdad todo esto es importante porque creamos una identidad a base de todas nuestras vivencias y no podemos creer la falsedad de que “solos podemos” porque creo fielmente que cuando abrazamos el hecho de que “yo soy porque somos”, también llegamos a comprender que para eso nuestro planeta está lleno de vida y no me refiero solo a la humana.

La vida es una serie interminable de bellos desastres, con breves comerciales de felicidad, pero tenemos o mejor tú tienes la responsabilidad de centrarte en esos comerciales o solo publicar las series y hacer de ello tu realidad.

Nuestros pensamientos y habla crean nuestro contexto, cuando empieces a creer desde la honestidad y el perdón que eres una pieza especial para Dios, entenderás que es delicioso que los demás tengan un buen “pensar” sobre quiénes somos o sobre quien eres, pero que no hay nada como llegar a casa, tirar los zapatos, desnudarse y pararse frente al espejo y ver que cada día trabajamos para ser nuestra mejor versión sin compararnos con nadie y mientras eso sucede pues aplaude tus heridas, comprende que todo es perfecto y que nada pasa por accidente, que esos sucesos sin duda alguna nos han dejado enseñanza, porque entrar en queja de “porque a mí” es más sencillo porque así evades e impides que conectes con tu adultez. Te invito a que dejes la excusas y hoy te des el privilegio de dejar de sobrevivir y empezar a vivir desde un rediseño que todos sin excepción tenemos al alcance.

¿Que sí va a doler? Claro que sí, la transformación sabe, huele y se siente tenaz. Pero ¿ya has tenido suficiente de dolor no? Entonces ¿si ya has perdido todo ahora cual será la rebaja que compraras en el supermercado para no enfrentar tu miseria?

Ahora dime: ¿Qué somos?