*Jean Carlo Mejía Azuero PhD
Director General del Consultorio Jurídico y del Centro de Conciliación de la UMNG

Hoy exactamente hace treinta años ingrese por la puerta del Teatro Patria donde varias páginas de la historia nacional se han escrito, aunque creo que no se han contado todas bien.

Recuerdo que con expectativa había escogido irme para la Escuela de Lanceros a prestar mi servicio militar luego de mi retiro como cadete de la Amada Fuerza Aérea Colombiana. Pero de un momento a otro en la parte de adelante del teatro se puso de frente  un Capitan de una talla singular, con bigote, botas altas y capote al estilo prusiano; pertenecía al arma de caballería.

El oficial con una voz de mando impresionante (de ahí su apodo de «megáfono») preguntó qué quienes se querían ir con él a la compañía de seguridad del Comando General; la mística con la que lo expresó me llevó a salirme de la lista de la gran Escuela de Lanceros y pasarme a la del Batallón de Policía Militar Número 13. «Ley y orden», que sería mi casa durante la instrucción básica.

El camino que comenzó el día 3 de agosto del año 1991 culminaría en lo personal el 22 de enero del año 1993, luego de ocho meses en la Península del Sinaí. Fueron casi 18 meses como soldado bachiller, aunque dicho tiempo haya sido el propio de prestación del servicio de un soldado regular.

Algunos de mis compañeros o «lanzas», seguramente consideraron el servicio militar obligatorio como tiempo perdido; pero con el paso de los años muchos más han sido los que en uno u otro momento me han expresado la experiencia positiva de vida que dicho episodio les trajo. Debe ser que los recuerdos y la consciencia  invaden nuestra mente en ciertas etapas de la vida…

Por ello, ad portas del día del Ejército Nacional, celebrando un año más de la epopeya de Boyacá, quisiera compartir con ustedes 30 enseñanzas que me dejó prestarle un servicio al pueblo Colombiano desde el Ejército Nacional.

1. Todos los que nos llamamos colombianos tenemos derechos, garantías, libertades que provienen de la Constitución, la ley e instrumentos internacionales pero también tenemos obligaciones e incluso deberes (art. 95 de la CP).

Desde que exista  un centinela en una garita habrá alguien que nos proteja como pueblo y defienda la democracia. Es un deber democrático portar el uniforme. Yo estuve en una garita, antes estuvieron miles más, después otros me sucedieron, por ello mis hijos y sobrinos duermen hoy seguros.

2. Lo que aprendí en el cuartel fortaleció mis valores y principios ciudadanos y el respeto que se debe tener por la democracia real no sólo por la democracia representativa.

Un soldado es mucho más de lo que la gente ve en la calle. Es un adalid de la libertad.

3. Aprendí que para un grupo de personas que hacen sacrificios y esfuerzos, muchas veces incomprendidos, ciertos conceptos tienen un sentido y alcance tan grande que por ellos se da incluso la vida.

Así han defendido los soldados los principios de la democracia desde que nos dieron la independencia. El soldado colombiano es subordinado por naturaleza y cree y vive el honor.

4. En el cuartel no me enseñaron a odiar a nadie; y a pesar de estar obviamente en guerra, nunca vi una lección entorno a que existieran órdenes acerca de infringir el DIH o violar los DDHH.

Pero claro, en una contienda bélica  suceden cosas horrorosas; terribles. La guerra es un infierno que nadie quisiera, empezando por los soldados.

Los errores y horrores de los soldados son el reflejo de nuestra sociedad enferma. El soldado es el primer constructor de paz, la evidencia Colombiana es incomparable.

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5. Revalidé en el Ejército mi amor por las cosas sencillas de la vida. Cuánto se valora una simple sopa o una palabra de aliento en el Ejército!!! El soldado es feliz con poco, y eso enseña mucho en la vida. ¡La codicia es una enfermedad social!

6. El servicio militar me enseñó cuánto sufren los militares y policías que escogen portar el uniforme como profesión.

Muy pocos  saben qué significa exponerse 24 horas al día y 7 días a la semana y en los más recónditos parajes del territorio. Se tiene que amar mucho lo que se hace para renunciar incluso a estar con los más cercanos. El soldado profesional escoge una profesión tan antigua como la misma organización humana.

7. Aprendí de soldados de diferente grado el valor que tiene la democracia y su defensa; eso a veces debería ser valorado en determinados contextos; especialmente cuando les pedimos un comportamiento sobrehumano en medio de una guerra.

Son las clases más humildes de Colombia las que la han defendido. ¿Con qué autoridad moral les pedimos lo que no hemos sido capaces de hacer nosotros que hemos sido bendecidos con la civilidad? Si más gente hubiera portado el uniforme mas alta sería la empatía.

8. El Ejército me enseñó en la práctica el sentido del concepto generosidad, esencial en una democracia real.

Ver que alguien se quita el pan de la boca para compartirlo y que ese alguien ha posiblemente carecido en su vida civil de medios incluso para subsistir, es una enseñanza que no se olvida.

9. Las FFAA de un pueblo, obviamente son integradas por seres humanos, con todos los defectos y virtudes.

Aprendí que esos seres humanos tienen un deseo impresionante de aprender y salir adelante. Valoran el tiempo y eso es esencial en toda sociedad que quiere construir una nueva  democracia.

10. El ser soldado me enseñó también a interpretar adecuadamente las normas que regulan la actuación de las FFAA; luego cuando estudié leyes y a través de mi experiencia profesional, pude entender el respeto que un soldado emana cuando cuida por ejemplo unas elecciones. Su presencia es garantía de nuestra soberanía, entendiéndola como capacidad de autodeterminación.

11. 17 meses portando el uniforme del Ejército y casi cuatro el de la Fuerza Aérea, me sirvieron para entender que una vida que no tenga como propósito el servicio es una vida desperdiciada.

Los soldados colombianos han trabajado para la comunidad desde siempre. Colombia es un país en donde los militares piensan más en la paz que algunos civiles.

Archivo personal del autor.

12. Trabajar con Fuerzas Armadas de 11 países, en una misión de paz a nivel internacional, buscando que la tragedia en el medio oriente no se siguiera ampliando fue maravilloso.

El respeto de militares de otros países por la civilidad del soldado colombiano, no tiene comparación. Eso solo se entiende cuando se ha sido soldado.

13. Conocí durante el servicio militar gente muy valiosa; luego de civil trabajé con algunos de ellos; como todo, algunos fueron maestros de vida pues me enseñaron cosas maravillosas para construir democracia, y otros maestros de vida, para jamás ser como ellos.

Comprendí que en toda parte la gente se comporta igual. Uno se queda con lo mejor de cada experiencia. Lo anterior es esencial para fortalecer una democracia real y no sólo formal.

14. El servicio militar me enseñó que en el cuartel como en cualquier otra circunstancia, uno es el encargado de darse el tipo de vida que se merece.

No hay misterio. Él que es disciplinado, hace las cosas por vocación, cumple lo que tiene que hacer, sale tarde o temprano adelante; le va bien.

Así son las democracias, se construyen desde la adversidad y la disciplina. Él que no hace las cosas bien, recoge los frutos de su actuación. Actuar bien significa seguir las normas, tener una consciencia de servicio, no hacerle mal a los demás. Ser disciplinado, respetuoso, educado.

15. Desde soldado empecé a dar clases, en esa época sobre reconocimiento de aeronaves  precisamente en el desierto del Neguev en Egipto, cerca a Israel, tierra Santa.

Entendí por la experiencia académica que la mejor manera de honrar a un militar era aportar un granito de arena para su educación. Luego he tenido la dicha de seguir colocando granitos, uno encima  del otro. A los militares muchas veces como a los hijos no hay que tratar de entenderlos, solo amarlos. Enseñar es amar.

16. La vida militar es altamente frustrante, esforzada, luchada, tiene unos ingredientes sociológicos y antropológicos muy pero muy especiales, pero para entenderla en su real dimensión e importancia hay que vivirla.

Los soldados son seres que disfrutan de cada instante porque puede ser el último. Las democracias reales deben entender y comprender a aquellos que la defienden; desde la empatía se puede exigir mejor.

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17. Ser militar es ser solidario, aunque en ocasiones el sentido del término, su alcance y su  interpretación se pierde o mal entiende. Errare humanum est. Un principio democrático esencial es ser solidarios con los más necesitados. Cuando hay tragedia el soldado colombiano ahí ha estado y siempre  estará.

18. El servicio militar me ayudo mucho a agradecer lo que hacían mis padres día a día por mis hermanos y por mi.

Me enseñó desde las limitaciones, la importancia y el valor de las comodidades, de su ausencia y el valor del trabajo de los demás. El esfuerzo y la dedicación son superiores a muchas formas de inteligencia. El respeto por el trabajo ajeno fundamenta una democracia.

19. En alguna oportunidad en pleno desierto durante 9 días por radio rezamos la novena navideña, pidiendo por nuestros seres amados, familia y compatriotas; jamás sentí con tanta fuerza el significado de la palabra hermandad. (Brothers in arms).

Esa hermandad es la que debería guiar toda democracia. Hay cosas que superan nuestro individualismo, egoísmo y otras miserias humanas. Eso lo aprendí siendo soldado. El buen soldado es un filántropo por naturaleza.

20. Ser soldado me permitió compartir con otros militares  provenientes de otros mundos, ubicados en el mismo país; uno que en gran parte desconocía; gente llena de necesidades y problemas pero con fe.

Archivo personal del autor.

Soldados regulares, soldados voluntarios, hoy denominados profesionales, fueron mis compañeros de vida. Sin el servicio militar hubiera sido imposible sensibilizarme por el otro. Sin el servicio militar no hubiera podido conocer a través de gente muy valiosa una Colombia olvidada.

21. El servicio militar sembró por siempre en mi la semillita de la defensa del  militar y policía desde la objetividad, la transparencia y la imparcialidad.

Los soldados frente a los civiles tienen muchas debilidades. De ahí surgió la frase: «Defender militares es un apostolado.» Frente al que porta armas y ejerce la fuerza por mandato nuestro siempre habrán prejuicios, mucho más si hay guerra y dentro de esa guerra han cometido errores u horrores.

Archivo personal del autor.

Esos mismos prejuicios  los hemos ido superando a través de una apertura especial y la generación de canales civiles – militares maravillosos. Una cosa es estudiar la guerra en la universidad y otra es estar cerca de quienes más la han sufrido y han sido sometidos a presiones y exigencias terribles.

22. También aprendí que la mejor forma de defender soldados es enseñándoles derechos humanos, DIH y derecho operacional.

Ya son 22 años continuos en ese propósito. La prevención es la mejor defensa de un soldado. Estoy seguro que nuestros aportes pudieron ayudar mucho, por ejemplo a salvar vidas, evitar problemas judiciales, tragedias familiares.

23. Aprendí como soldado que los militares no sólo tienen el deber de defender la democracia sino de entenderla y aplicarla sin que se afecte la disciplina interna del Cuerpo armado. Los soldados claman un trato de ciudadanos de primer nivel. Eso es democracia.

Archivo personal del autor.

24. Haber portado el uniforme del Ejército Nacional me enseñó a amar más a Colombia, a su gente, su territorio.

A Colombia la he conocido estando con los soldados y policías de norte a sur y de Oriente a Occidente. Prestar el servicio militar acabó con la indiferencia de mis días de adolescencia.

25. Y fue en el Ejército, durante mi permanencia  como soldado que aprendí las lecciones más fuertes y eternas de espiritualidad.

Ver tanto sufrimiento alrededor y cosas difíciles, volteo mi rostro y me puso frente a frente con el Creador.

Aprendí el valor del respeto hacia el otro y sus creencias y la imperiosa necesidad de defenderlas así no se compartan y desde allí se construye cualquier democracia real.

26. El servicio militar también me llevó a una consciencia sobre la necesidad de crear nuevos conceptos y a desarrollar otros alrededor del ser humano que porta el uniforme.

 

De ahí la evolución teórica sobre el soldado ciudadano, el soldado como víctima en un conflicto armado, el derecho operacional, la intradición (Premio Nacional de Paz en 2001. Presidencia de la República), el nuevo DICA, entre otros.

Archivo personal del autor.

27. Haber sido soldado en una democracia de mínimos pero al fin y al cabo democracia, me ha permitido entender el valor que tiene dentro de cualquier institución el respeto irresrricto por la dignidad humana.

Si bien es cierto hoy nos aterramos frente a lo que hicieron algunos uniformados dentro de la guerra, también entendemos lo que otros uniformados evitaron.

Sin los soldados de Colombia hubiera sido imposible la desmovilización de más de 90.000 ilegales a partir de la ley 418 de 1997.

28. Haber tenido puesto el uniforme y tener una incipiente perspectiva jurídica y socio jurídica también me permitió comprender la necesidad imperiosa de proteger al soldado de más baja graduación, a sus familias, brindarles educación, mejor salud, un sistema pensional digno. En estos temas llevamos lustros trabajando desde nuestras competencias.

29. Fue el servicio militar el que me permitió comprender la magnitud del antimilitarismo colombiano desde la fundación de nuestra República. Este antililitarismo se ha concentrado en las élites y contra élites del país.

El pueblo ama en Colombia al soldado y eso se ve en las encuestas y estudios tanto a nivel urbano como rural.

Aprendí que Colombia no ha sido tierra fértil para rupturas constitucionales a través de los militares pero sí a través de políticos corruptos.

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30. El servicio militar obligatorio en el Ejército Nacional también me ha enseñado en democracia a comprender que es contando con los militares y policías que se construye una mejor Colombia y no tratándolos de acabar.

Tengo la esperanza de que surja una nueva generación de líderes y lideresas civiles que dejen de politizar y manipular a los soldados, sobre todo de cierto nivel,  y desde principios y valores tiendan puentes para generar diálogos fundamentales sobre lo que queremos cambiar.

Siempre llevaré el uniforme de  soldado en el corazón; el de soldado de Colombia; el de un soldado de la democracia, civilista, heredero de Santander.

Por ello después decidí ser abogado e investigador,  verdaderos apostolados cuando se tiene la vocación.

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